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La deuda con el tiempo y el dinero

Uno y otro, en una equivalencia simbólica, se convierten en deudas que atraviesan la experiencia subjetiva y social, especialmente en la Argentina actual.

8 de octubre de 2026

La deuda con el tiempo y el dinero

“No llego”, “ando apurado”, “no me da el tiempo”, y tantos otros dichos similares tienen como correlato “no tengo plata”, “no puedo pagar”, “no llego”. Decires que escuchamos a diario.

En “La interpretación de los sueños” Freud dirá que, en el trabajo del sueño, existen ciertas equivalencias o bien podría decirse, transformaciones. Por ejemplo, una cantidad de tiempo puede homologarse a una cantidad de dinero. Esto es, en el inconsciente, de donde provienen nuestros sueños, Freud encuentra una equivalencia: tiempo y dinero. Y esto es así porque ambos operan como cantidades que son plausibles de ser contadas, acumuladas, intercambiadas, valoradas.

Más adelante, en el “Posfacio a la cuestión del análisis profano” (1927) redobla su apuesta hablando de la relación moderna con el tiempo, donde apuntó a la exigencia estadounidense de acelerar el tiempo del análisis y dirá: “Por cierto time is money pero no se puede entender por qué él (el tiempo) necesita ser convertido en dinero con tanta prisa”.

Parafraseando al autor podemos decir que el devenir entre consciente e inconsciente tiene sus propias condiciones temporales que, cito textual, “no coinciden bien con las exigencias norteamericanas”.

El tiempo del aparato psíquico no es lineal, ni homogéneo, ni se corresponde con el tiempo cronológico. El inconsciente tiene su propio tiempo. Por eso en psicoanálisis podemos preguntarnos, cuando estamos frente a un paciente de edad adulta, ¿en qué tiempo subjetivo está?

Retomando la cuestión de las cantidades, podemos decir entonces que a nivel del inconsciente contar tiempo equivale a contar dinero.

La consciencia del tiempo es para el ser humano angustiante, me refiero a la consciencia de finitud del tiempo. El tiempo apremia -tanto que pareciera apretar el cuello con una soga-, hoy en día es una de las riquezas más buscadas, pero así como se lo busca, también se le escapa.

La época acelerada atenta contra el sujeto ahorcándolo con deuda: de tiempo y dinero. No es que falta tiempo, el sujeto se ha transformado en deudor del tiempo -así como también deudor de dinero-.

En la situación particular de Argentina, esa deuda se acrecentó con las políticas libertarias, la mayoría de los ciudadanos/as, deben.

La actualidad no ilusiona y no hay un porvenir, solo podemos recrear la idea de que todo pasado fue mejor y mirar hacia atrás no nos posibilita un camino, un recorrido deseante.

Los endeudados en Argentina, de quienes tanto se viene hablando, son descritos como una comunidad de personas que parecieran funcionar por fuera de una lógica que la misma política libertaria ha instalado, dentro de un contexto epocal bastante paradójico donde se impone lo espeluznante como forma de socialización -irrisorio-.

¿Cómo salir de una deuda de tiempo y dinero cuando no hay una ilusión por venir? La pregunta incluso puede extremarse: ¿para qué hacerlo, con qué propósito?

Hay dos ideas que podemos tomar de Mark Fisher para pensar este interrogante. Por un lado, el autor dirá que el fuera de tiempo implica “sugerir que hay algo que se ha eliminado, que se ha recortado” (...) “La sombra de lo que hay fuera del tiempo es en parte, una sombra de lo que hay más allá del tiempo tal y como lo entendemos y lo experimentamos normalmente”. Por otro lado, diferencia lo raro de lo espeluznante. Lo raro corresponde al ámbito de la subjetividad, “es una percepción de una realidad deformada”. Lo espeluznante responde absolutamente a lo desconocido, “es la forma más pura e intensa del terror”.

Retomando la pregunta respecto al “propósito”, es allí donde nos topamos con el desánimo, el desentusiasmo, la ansiedad, el agobio. Clínicamente los analistas escuchamos esto a diario.

La época arrasa y el avance tecnocapitalista va erosionando cada vez más las subjetividades, socavando desde la perplejidad para luego generar ese efecto espeluznante.

Se le teme a lo desconocido, es una condición muy propia del ser humano. Si eso desconocido es del orden de lo raro, es una cosa porque tiene la cualidad de subjetivarse. Pero resuena muy distinto cuando eso es ya espeluznante. Ahí entramos en la sensación del “no hay salida” más que bajar la cabeza y seguir siendo deudores de nuestra propia vida.

Pareciera un disparate. Desde el psicoanálisis, siempre se ha creído que la deuda de la vida era para con los padres, pero ahora además tenemos una deuda con el tiempo, impagable.

Es una deuda simbólica, si la podemos subjetivar y si pensamos la época como rara y no como espeluznante. Aunque este mundo sea aterrador -¿por qué no sentir miedo entonces?-.

Si, parafraseando a Fisher, la sombra es algo que se le recorta al tiempo, está fuera de tiempo y está más allá del tiempo real, ¿no tendremos que buscar en ese “fuera de tiempo” al sujeto deseante, sujetado a su inconsciente?

Si algo continúa funcionando para el psicoanálisis es ese “fuera de tiempo”, el inconsciente que se abre y cierra, con suerte, en ciertas sesiones.

En un análisis, esa sombra por fuera podría parecernos rara, y quizás hasta lleguemos a desconocernos por completo, experimentemos esa antesala del deseo -como suelo llamarla- que es la angustia, único afecto que no engaña. A lo mejor valga la pena dejar de contar tiempo y dinero y empezar a contar acerca de nuestros deseos.

Florencia González es psicoanalista.

Fuente: Página12 — ver nota original